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miércoles, 1 de mayo de 2013

Vino Ayuda de Cuba


A comienzos del 2012, llamé a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana (es el consulado de EEUU pero allá tiene otro nombre por el embargo) y pedí una cita para la visa de Loly, la mamá de Natacha que vive en Cuba. Me la dieron para noviembre del 2016.

Loly quería estar en Nueva York para el nacimiento de Valeria pero se lo tuvo que perder y quería ayudarnos durante la cirugía de Valeria, lo cual Natacha y yo necesitábamos pero era muy complicado operar a Valeria en Cuba.

Mientras tanto, seguíamos buscando el doctor perfecto en los Estados Unido y encontramos el Hospital Shriners Para Niños en Filadelfia; ellos fueron espectaculares y pusieron la fecha para la operación sin demora.

Le mencionamos a Loly que estábamos contentos con los cirujanos que habíamos encontrado y que íbamos a iniciar el proceso en una semanas osea para mayo del 2013. Ella mencionó que había escuchado que la Sección de Intereses estaba acelerando las citas para las visas; así que yo sin ninguna esperanza llamé.

Cuando los contacté me preguntaron por la información de Loly y en eso me dijeron, “tenemos una cita disponible para el 16 de abril del 2013”.

Yo pensaba, “¿El 2013? ¿Eso es en cuantos años? Espera, ¡Eso es en dos semanas!”

“¿La toma o no?” me dijo la operadora de la Sección de Intereses. Yo estaba todavía sorprendido así que me demoré en responder unos segundos pero le dije, “sí, la tomamos”.

En menos de 14 días, Natacha y yo teníamos que juntar los documentos para probar que podíamos invitarla financieramente y Loly juntar los documentos para probar que tenía lazos fuertes para regresar a Cuba. El lazo más fuerte era que ella es la única persona que se encarga de su mamá, Nancy, quien ya tiene 87 años.

El 16 de abril sólo 35 personas de 700 recibieron visas para los Estados Unidos; una de ellas fue Loly.

Ella no tenía teléfono pero un familiar de ella me mandó un email con el resultado después de la cita. Llamé a Natacha, quien estaba desesperada por la noticia, por el video chat. Cuando se lo dije empezó a saltar de alegría y de pronto me dijo que me tenía que cortar, “Se lo tengo que contar a la familia”, mencionó.

Después de recibir su visa, Loly regresó a Bayamo, empacó, dejó arreglado el cuidado de Nancy por los tres meses que iba a estar fuera y voló para Miami. Todo en tres días.

Se quedó unos días en Miami visitando unos familiares y finalmente llegó a Nueva York anoche. Valeria se resistió a que Loly la cargara al comienzo pero luego de unos trucos de abuela, Valeria cedió.

Natacha y yo finalmente vino la ayuda de Cuba que necesitábamos y justo a tiempo. Estamos listo para irnos manejando a Filadelfia para la cirugía del pie en espejo.

lunes, 11 de marzo de 2013

Un Hospital con Pulso


El aire en la sala estaba denso. La reciente llamada con el Dr. Salles sobre el costo de la cirugía había hecho volar las ilusiones de operar a Valeria en Cuba. Natacha y yo hablamos si todavía tenía sentido aceptar la invitación del Dr. Salles para ir al hospital donde se iban a realizar las cirugías; y como ya estábamos en ese país, decidimos ir después de todo a conocer el Hospital Ortopédico Frank País.

El Frank País está en el lado oeste de La Habana y lo compone una serie de edificios de 3 pisos; fue fundado hace más de 40 años y mientras la mayoría de pacientes son cubanos, tiene una oficina dedicada a los extranjeros, Turismo Salud.

Como íbamos a la oficina de Turismo Salud, nos privamos de hacer la cola que hace la mayoría de Cubanos. Generalmente los enfermos, o sus parientes, van desde muy temprano por la madrugada al hospital a hacer la cola, reciben un ticket que les asegura atención ese día y esperan por horas hasta que el doctor los reciba.

Nosotros éramos afortunados de tener ya una cita para las 9 de la mañana con Dr. Salles quien estaba ocupado cuando llegamos así que esperamos afuera de su oficina. Parados ahí, pasó una empleada del hospital y se detuvo por varios minutos para decir los bonita que estaba Valeria. Luego de un instante se aparece una enfermera bastante mayor lentamente, no dijo ni una palabra, sólo se acercó a Valeria muy lentamente, la cargó y sonrió con los ojos cerrados; era la transformación de un rostro duro a un rostro dulce. Para entonces, yo estaba empezando a sentir algo desconocido, que a un hospital le puede importar la gente que atiende, era un sentimiento con el cual yo no estaba familiarizado. Este tipo de encuentros agradables continuaron durante el día. Cuando fuimos a la oficina de finanzas, la chica que trabaja ahí se levantó de su escritorio, cargó a Valeria y se puso a conversar con nosotros mientras jugaba con ella.

Cuando por fin entramos a la oficina del Dr. Salles, él fue frío y directo y yo agradezco muchísimo que él fuera así; lo único que yo espero de él es que sea el científico que sólo piensa en músculos, nervios y metatarsos; pero es reconfortante sentir que el resto del equipo del hospital da el apoyo humano; el Frank País nos había casi hecho olvidar porque estábamos ahí.

El afecto del hospital tomó más importancia que los enchufes de electricidad sin tapa que tenía o que los doctores no colgaban en las paredes los diplomas de sus escuelas de medicina. El Frank País era una opción excelente para operar a Valeria si tan sólo las circunstancias lo permitían.  Semanas después de visitarlo, todavía recuerdo las palabras escritas en mármol en el lobby, “Hacer caminar un niño inválido es la más noble obra humana que concebirse puede.”

El Dr. Salles en el hospital Frank País de La Habana

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lunes, 4 de marzo de 2013

La Suegra


Natacha y yo estábamos aliviados de haber encontrado una buena opción médica en Cuba pero lo que más nos influenciaba por este camino no tenía nada que ver con la ciencia sino con el cariño; el cariño a Valeria por parte de Loly, su abuela.

Loly, una mujer fuerte y en sus 50s, vive en el oriente del país, en Bayamo, y estaba haciendo lo que podía dentro de sus limitaciones para encontrarnos un doctor; inclusive viajaba a La Habana atrás de los camiones de carga con tal de hablar con doctores. Los pasajes de bus para los nacionales son muy limitados y los que son para extranjeros cuestan $50; eso está muy por encima de los $15 que es el salario promedio mensual.

Loly había escuchado del Dr. Salles a través de José Antonio, su compañero de más de 3 décadas, ya que un nieto de él había perdido un dedo en un accidente con una silla plegable; en ese momento, al dedo lo pusieron en hielo y el Dr. Salles pudo reinsertarlo.

En nuestro caso, ya que la terapia después de la cirugía para Valeria podía tomar hasta 8 semanas, Loly se ofreció a cuidar de ella por ese tiempo; después de todo, sería muy difícil que Natacha y yo nos quedásemos todo ese tiempo.

Aprecié mucho su ayuda en encontrarnos un doctor pero aprecié también su ayuda con Valeria mientras visitábamos Cuba; por primera vez en 6 meses, Natacha y yo teníamos alguien que cuidara de la bebe. “¿Ya se despertó?” nos decía muy temprano por la mañana queriéndosela llevar con ella. “Salgan, diviértanse,” nos decía; esas eran palabras que nosotros habíamos añorado escuchar por muchas noches de sonámbulos. Loly también nos contagiaba su calma y jovialidad. Cuando le pregunté a Natacha cómo me iba a duchar solamente con un balde de agua caliente, Loly dijo, “enséñale o sino va a terminar como un pollo hervido.” O nos diría cosas, pero hablándole a Valeria como, “vamos a visitar a tu mamá los domingos al manicomio si no se calma.”

Loly nos cocinaba unos guisos deliciosos, freía unos crocantes tostones y hasta preparaba un sabroso arroz con leche, mi postre favorito; pero me comentaron que después que me fui y Natacha se quedó con Valeria por dos semanas más, el menú se redujo a arroz con frijoles por la mayoría del tiempo.

La única vez que vi a Loly cabizbaja fue cuando recibimos el estimado del Dr. Salles para la operación; era mucho más cara de lo que esperábamos; para los cubanos esta operación era casi gratis pero nosotros éramos extranjeros.

Con José Antonio y Loly quien siempre tenía a Valeria consigo.



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lunes, 25 de febrero de 2013

Confiando en un doctor con shorts


Si hubiese una clase media en Cuba, viviría en El Vedado.

A diferencia de La Habana Vieja que se esta cayendo poco a poco, El Vedado está bien mantenido y es allá donde fuimos Natacha, Valeria y yo a conocer al Dr. Salles en su departamento.

La visita fue informal y a eso se debe que Dr. Salles nos recibió en shorts y sandalias. Él nos fue recomendado a nosotros por personas muy confiables, así que su sentido de moda era lo que menos nos importaba.

Dr. Salles, que esta en sus cuarentas, carece de pelo pero esta en bastante buena forma física, nos atendía sin compromiso. Sin embargo, yo ya estaba pendiente de la tradición cubana de llevarle un regalito al doctor, así que le compré una memoria flash de 16 GB. Sabía que como Internet es casi inexistente en la isla, la gran mayoría de la gente se pasa las películas, música y fotos con este aparato. A las personas que les regales memorias me los agradecieron muchísimo.

El Dr. Salles primero revisó sus manos y dijo, “Con sus dedos índices extras voy a crear los pulgares”. Para Natacha y yo eso era excelentes noticias; él estaba confirmando lo que nos había dicho el Dr. Miki en Miami unos días antes, aunque usando una técnica diferente. “Sólo para estar claros”, agregó, “no van a ser pulgares perfectos pero ella va a poder agarrar cosas. Yo esperaría hasta que ella tenga dos años para operarlos”.

Valeria estaba ajena a todos los posibles planes que estábamos haciendo para ella; ella se estaba divirtiendo jalándole los bellos de la pierna al Dr. Salles.

“Su piel derecho no va a ser complicado pero el pie en espejo va a necesitar más trabajo”, dijo. “Puedo operar los pies apenas cumpla el año”, agregó. “¿Por qué no la opera todo a la vez?” Natacha preguntó. “Porque quiero ver cómo las manos desarrollan, ahora es muy pronto para saber”, nos respondió. “Aún así, van a ver más de dos operaciones en total, quizás cuatro”.

Entonces sacó un iPhone y tomó fotos de los pies y manos de Valeria. Si pensaba que lo iba a sorprender con la memoria flash, pues él me sorprendió más a mi con el iPhone que yo pensaba era inexistente en Cuba. Cuando le di la memoria la tomó sin importancia.

Quedamos que lo llamábamos al día siguiente para que nos diera un estimado ahora que ya tenía una idea clara de lo que había que hacer. Nos fuimos confiados de que Dr. Salles podría hacer las operaciones pero ahora teníamos que pensar las logísticas ya que ir a Cuba veces seguidas en un periodo tan corto es dificultoso.

Valeria con su abuela Loly en La Habana


lunes, 18 de febrero de 2013

Pisando Seguro Ante un Pie en Espejo


La Habana, jueves 31 de enero del 2012

¿Cuáles son los riesgos de la cirugía? Le pregunté al Dr. Salles. “Podría encontrar algún problema con algún nervio o vaso”. Respondió él, despreocupado por la pregunta. “Pero habría sólo un chance de 2 o 3 por ciento de que ocurra eso”.

97%, es el porcentaje que me dio el Dr. Salles en Cuba para corregir los pies y manos de Valeria, mi hija de 6 meses de edad. Me voy de regreso a los EEUU satisfecho con esta opción aunque la búsqueda del doctor perfecto para Valeria debe continuar.

El Dr. Vitale, del New York Presbyterian Hospital fue el primer doctor que vimos cuando nació Valeria y fue bastante honesto. El Dr. Miki del Miami Children Hospital fue la segunda opción y nos complació bastante con su apoyo, su honestidad y la excelente alternativa que nos dio.

El caso de Valeria es extremadamente raro. Su pie izquierdo es un Pie en Espejo; es como si uno pegara la parte interna del pie al espejo y el reflejo también fuera parte del pie; para ella lo es. Por lo que hemos averiguado, sólo hay 28 casos registrados en el mundo y sólo 7 de ellos tratados.

Su pie derecho tiene un dedo gordo extra del cual sale otro dedo más pequeño; como una rama de un árbol con una ramita creciendo de ella. No tiene pulgares en las manos, en vez de eso tiene un dedo índice extra por mano.

Valeria y Natacha en Miami
A pesar de faltarle los pulgares, ella puede aguantar su botella desde los 5 meses, insiste en meterse mi teléfono a la boca y continua jalándole los pelos a la pobre Greta, nuestra perrita maltipoo, que sólo atina a llorar. Esto me convence de que Valeria va a poder hacer todo lo que ella se proponga en la vida.

Ella todavía está sin cabello así que Natacha y yo estamos cruzando los dedos; yo para que saque el mío y Natacha el de ella. Estoy contento con que hasta ahora se parece a mi. “Nunca había visto una bebe que se pareciera tanto al papá”, nos dijo una chica de inmigraciones cuando llegamos al aeropuerto de La Habana. “Debería llamarse ValeGina”, nos dijo una tía de Natacha ya que mi nombre es Gino. De la mamá sacó los penetrantes ojos negros, lo cual vale mucho porque los ojos son muy importantes para definir a una persona, y la naricita de botón.

Es increíble la felicidad que Valeria nos ha traído; ahora depende de nosotros de hacerla a ella lo más feliz posible. Por eso estamos en la tierra de Natacha, Cuba, famosa por su sistema de salubridad, conociendo doctores hasta determinar cuál es el doctor perfecto para Valeria.

Valeria y yo en el Hotel Nacional de La Habana, Cuba